El ingreso de divisas a México experimentó una reconfiguración estadística irreversible durante el ejercicio fiscal 2025. De acuerdo con los registros del Banco de México (Banxico) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el país captó 61 mil 791 millones de dólares a través de remesas internacionales, mientras que los ingresos por exportaciones de petróleo se situaron en 21 mil 246 millones de dólares.
Esta disparidad numérica representa una brecha superior a los 40 mil millones de dólares en un solo año calendario. La proporción matemática indica que, por cada dólar ingresado a las arcas nacionales producto de la venta de hidrocarburos al exterior, la economía mexicana recibió 2.9 dólares derivados de transferencias realizadas por trabajadores migrantes.
El análisis de la serie histórica muestra una aceleración de esta tendencia. Durante 2024, las remesas registraron un volumen de 64 mil 746 millones de dólares, frente a 28 mil 860 millones generados por la exportación petrolera. La contracción del sector energético en 2025 ensanchó el margen de diferencia entre ambos rubros.
La caída en los ingresos petroleros responde a una doble variante cuantitativa: la reducción sostenida en los volúmenes de producción nacional y la volatilidad en las cotizaciones internacionales del crudo. En contraste, el flujo de capital de origen migrante ha mantenido una inercia ascendente, concentrada mayoritariamente desde los Estados Unidos hacia el territorio mexicano.
El impacto de estos flujos de capital se concentra en zonas demográficas específicas. Estados como Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Zacatecas, Oaxaca y Puebla concentran el mayor volumen de recepción, donde estas transferencias operan como el principal inyector de liquidez monetaria para el comercio y la construcción a nivel municipal.
Los indicadores preliminares del primer trimestre de 2026 confirman la consolidación del patrón. Banxico documentó el ingreso de 14 mil 457 millones de dólares por concepto de remesas en dicho periodo. En paralelo, las exportaciones petroleras se contrajeron hasta representar únicamente el 2.5 por ciento del valor total de las exportaciones mexicanas.
A nivel macroeconómico, las estadísticas sitúan a las remesas como el principal amortiguador del consumo interno. La dependencia de estos flujos externos supera ya el peso porcentual que la industria extractiva mantuvo sobre el Producto Interno Bruto durante las últimas cinco décadas.





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