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lunes 8 de junio de 2026
Columnas

El mapache ya aprendió a usar QR o como se puede perder sin dignidad

La Jabalinada por Bruno Cortés

 

Coahuila dejó una lección incómoda para Morena: los padrones federales no sustituyen el oficio territorial. Mientras el PRI presume carro completo, la dirigencia guinda intenta convertir una derrota electoral en expediente judicial.

En Coahuila ocurrió una tragedia tecnológica: el mapache tradicional descubrió el código QR. Ya no carga costales, no reparte papelitos debajo de la mesa ni necesita libreta de raya. Ahora, según la denuncia presentada por Morena, el voto supuestamente se compra con teléfono inteligente, fotografía de boleta y comprobante digital. El viejo priismo se nos volvió fintech.

Pero el problema de Ariadna Montiel no cabe en un cuadrito blanco y negro. Con el PREP todavía en curso, la alianza PRI-UDC se perfilaba para ganar los 16 distritos de mayoría relativa y registraba alrededor del 56% de los votos, frente a cerca del 25% de Morena. No es una diferencia que se pueda esconder detrás de una captura de pantalla: es una paliza con conectividad inalámbrica.

Morena denunció presunta compra de votos mediante códigos QR y señaló hostigamiento y retenciones de sus operadores por parte de policías estatales. Son acusaciones delicadas y deberán investigarse con pruebas, no con memes. Porque una cosa es denunciar una posible operación electoral ilegal y otra muy distinta convertir cada derrota en una sucursal de la conspiración universal.

La herida política está en otra parte. Ariadna llegó a la dirigencia nacional de Morena cargando la fama de conocer el territorio desde Bienestar: padrones, operadores, beneficiarios y estructura. El imaginario guinda la recibió como si llevara un GPS electoral instalado en la frente. Pero Coahuila no es una hoja de cálculo. Tampoco se gana desde una oficina en la Ciudad de México dando instrucciones con voz de tutorial.

El PRI, que en buena parte del país parece pieza de museo con humedad en las paredes, conserva en Coahuila una maquinaria local capaz de movilizar votos, disputar calles y resistir la expansión morenista. Ahí sigue el dinosaurio, muy campante, con chaleco institucional y señal de internet. No está extinto: solamente aprendió a escanear.

La denuncia del llamado QR-Gate puede tener una ruta legal y merece atención seria. Pero también funciona como salvavidas narrativo. Si la derrota fue producto de una sofisticada operación digital, entonces la dirigencia no perdió por soberbia, fracturas internas o falta de estructura. Perdió contra Silicon Valley de Saltillo. Mucho más cómodo.

El golpe no termina en Coahuila. Apenas comienza. Las tribus internas de Morena ya recibieron la postal que necesitaban para cuestionar la supuesta infalibilidad operativa de Montiel rumbo a 2027. Porque administrar programas sociales puede dar presencia territorial; lo que no garantiza es oficio político, candidatos competitivos ni una estructura que aguante cuando enfrente aparece un adversario con décadas de práctica.

El PRI celebrará el carro completo como si acabara de resucitar en domingo de gloria. Morena intentará llevar la pelea a tribunales. Y entre denuncias, códigos QR y policías estatales, Coahuila volvió a demostrar que el mapache mexicano no desaparece: se actualiza, acepta términos y condiciones, y luego pregunta dónde está el WiFi.

P.D. 1. — El abrazo con expediente internacional

El PAN llevó a Andrés Manuel López Obrador hasta la ventanilla de La Haya. La denuncia presentada ante la Corte Penal Internacional busca que se investiguen posibles responsabilidades individuales por presuntos crímenes de lesa humanidad vinculados con la estrategia de seguridad del sexenio pasado. La acusación golpea directo al eslogan que envejeció peor que promesa de campaña: “abrazos, no balazos”.

Acción Nacional sostiene que la expansión territorial del crimen organizado no fue únicamente resultado de incompetencia, sino de una supuesta decisión política sistemática. Habla de homicidios, desapariciones, reclutamiento forzado y comunidades desplazadas. Es una acusación grave, todavía partidista: no equivale a una sentencia ni garantiza que la Corte abra un caso.

El camino jurídico será empinado, pero la fotografía política ya está tomada. Durante años, López Obrador administró las críticas desde la mañanera; ahora el PAN intenta convertir su legado de seguridad en expediente internacional. Después de repartir abrazos desde Palacio, alguien decidió llevar la cuenta de los balazos hasta La Haya.

P.D. 2. — La pelota también negocia

La CNTE mantiene el plantón y el paro pese a las propuestas presentadas por el gobierno federal. Sus demandas no caben en una mesa de trámite: pensiones, plazas, salarios y cambios al sistema educativo. Claudia Sheinbaum apuesta al diálogo y descarta la represión, pero el calendario ya metió presión adicional: el Mundial comienza el 11 de junio y los maestros saben que una protesta frente a los reflectores internacionales pesa más que veinte comunicados de Gobernación.

Un arreglo integral en los próximos días parece improbable. La Coordinadora ha advertido que podría mantener e intensificar las movilizaciones durante el torneo, mientras otras organizaciones sociales y agrícolas amenazan con sumarse a los bloqueos si no hay respuestas concretas. El balón todavía no rueda y la Ciudad de México ya juega tiempo agregado.

Lo más probable es un acuerdo parcial: algún anuncio sobre pensiones, basificación o nuevas mesas que permita bajar momentáneamente el volumen de la protesta sin resolver el conflicto de fondo. Porque cuando un gobierno negocia contra el reloj del Mundial, hasta una tregua puede presentarse como goleada.

P.D. 3. — El Mundial de la última manita de pintura

La Ciudad de México llegará a la inauguración del Mundial como estudiante que termina la maqueta afuera del salón. El gobierno capitalino prometió que la Línea 2 del Metro estaría completamente operativa entre el 7 y el 8 de junio, apenas unos días antes del partido inaugural. Pero en estaciones, paraderos y vialidades del sur todavía se respira ese perfume oficial de toda obra contrarreloj: pintura fresca, vallas metálicas y trabajadores apurando el milagro urbano.

El operativo permitirá que la gente llegue al estadio, pero difícilmente ofrecerá una movilidad impecable. Habrá cierres y restricciones alrededor de Calzada de Tlalpan, Acoxpa, Circuito Estadio Azteca, Avenida del Imán y calles aledañas. El plan no consiste en inaugurar una ciudad perfecta, sino en administrar el embudo con transporte público, rutas especiales y paciencia mundialista.

La pelota rodará. Los aficionados entrarán. Las cámaras encontrarán el ángulo bonito. Y fuera de cuadro quedarán los conos, los desvíos y alguna cuadrilla dando el último brochazo mientras suena el himno. La CDMX no llegará terminada al Mundial: llegará operativa, maquillada y con la escalera todavía recargada en la pared.

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