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domingo 5 de julio de 2026
Cultura

Arqueólogos e historiadores descifran la secuencia constructiva del Templo Mayor mexica

HOY MÉXICO

La investigación científica en torno a las siete etapas constructivas del Templo Mayor de Tenochtitlan ha generado un consenso fundamental entre las principales instituciones de arqueología e historia del país. El descubrimiento de estas fases arquitectónicas superpuestas revela que el diseño final del edificio fue el resultado de un prolongado proceso de toma de decisiones institucionales frente a emergencias naturales. Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirman que cada tlatoani modificó el recinto sagrado siguiendo pautas que conciliaban las necesidades del Estado con la inestabilidad física del subsuelo lacustre.

Los reportes técnicos indican que la Etapa I permanece en el terreno de la hipótesis arqueológica debido a la ausencia absoluta de restos materiales. En contraste, los datos duros comienzan a solidificarse con la Etapa II (1376-1427), correspondiente a los tres primeros gobernantes de la ciudad, cuyos dos adoratorios superiores sobrevivieron al estar encapsulados por las construcciones posteriores. Este fenómeno de conservación por enterramiento intencional es lo que ha permitido a los investigadores modernos secuenciar la evolución del sitio.

La Etapa III, bajo el mando de Itzcóatl entre 1427 y 1440, e inmediatamente la Etapa IVa, durante el reinado de Moctezuma I de 1440 a 1469, marcaron un cambio de escala condicionado por factores climáticos. Documentos históricos y estudios geológicos demuestran que las inundaciones recurrentes de mediados del siglo XV obligaron a los administradores del templo a acelerar las obras de elevación de las plataformas. El crecimiento arquitectónico operó así como una estrategia estatal de mitigación de desastres naturales.

Los cambios en la estructura continuaron bajo criterios políticos y rituales específicos en las fases subsecuentes. La Etapa IVb, atribuida a Axayácatl (1469-1481), expandió la fachada frontal del complejo, optimizando el espacio de tránsito para las ceremonias públicas. Posteriormente, la Etapa V, desarrollada durante el corto mandato de Tízoc (1481-1486), introdujo innovaciones como la Casa de las Águilas en el sector septentrional, ampliando la diversificación espacial del conjunto arquitectónico.

La Etapa VI, bajo la dirección de Ahuízotl entre 1486 y 1502, consolidó la mayor transformación física del sitio al ampliarse las cuatro fachadas del edificio de forma simultánea. Los registros de excavación muestran que esta fase requirió una movilización sin precedentes de ingenieros, canteros y especialistas en suelos para asegurar que el peso extra no acelerara el hundimiento de las plataformas inferiores hacia los estratos de lodo blando.

La Etapa VII, asociada directamente con el gobierno de Moctezuma II (1502-1520), representa el punto de mayor desencuentro entre el esplendor histórico descrito en las crónicas y la escasez de vestigios materiales en el terreno. Historiadores de la UNAM explican que la destrucción de esta fase externa no se debió al desgaste natural, sino al uso inmediato de sus bloques de piedra para la edificación de las sedes coloniales españolas. Las canteras de Moctezuma II terminaron cimentando la nueva capital virreinal.

El Templo Mayor funciona en la actualidad como un laboratorio abierto donde las ciencias de la tierra y la arqueología forense reconstruyen las decisiones de una civilización desaparecida. La existencia de las siete etapas constructivas demuestra que el imperio mexica poseía un sistema institucional capaz de sostener proyectos de infraestructura a largo plazo durante más de un siglo. La inmovilidad de las piedras inferiores contrasta con la pérdida de la última capa superior, destruida por el quiebre histórico de la conquista.

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